Buscar este blog

miércoles, 19 de septiembre de 2012

David Hockney: a bigger picture.





































Paisajes de colores oníricos y otras cosas que mueven cosas. En exposición hasta finales de Septiembre en el museo Guggenheim (Bilbao). Merece la pena y sobre todo ver las obras en su tamaño natural.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Llamamiento para salir a vivir


La lluvia inspira. Estaba en la cama tumbada, con el portátil en el regazo, preguntándome por qué coño no era capaz de escribir, de querer expresar o compartir algo. No son los días más fáciles de mi vida. Paradójicamente, si lo son.

No te has puesto a trabajar de azafata, promotora o alguna mierda similar con la excusa de que tienes que disfrutar de lo que te queda en tu hogar antes de empezar el máster y cruzar el charco. Ni has pensado en un curro serio por que –satisfecha- piensas que ninguna secta comercial te va a querer contratar para menos de un mes. Al principio, la vida del “todo mascado” puede molar, pero a la larga –estoy segura- te atrofia el cerebro hasta convertirlo en una convulsionante plasta amorfa. La ciudad que conoces como la palma de tu mano, la casa familiar, las rutinas de cada uno. Los días relajados pero monótonos pasan como la mantequilla, un poco de playa, de sofá, de las mismas cafeterías, los mismos escenarios,  buen comer, salir de marcha en los bares de siempre con música mierdera y poco elaborada hecha para gustar, ninguna dificultad, ningún desafío, pocos estímulos.  Te pones a escribir estupideces por que la inactividad mental te mata, a pensar sobre qué eres y que has dejado de ser, a observar críticamente a la gente de alrededor mientras te atiborras a galletas de chocolate viendo alguna mierda de telecinco apoltronada en el sofá y aliviándote con pensamientos del tipo “esto acabará pronto” “es pasajero”, “solo necesitabas un respiro”. Y quedas atrapada en un acolchado zulo de vagancia, vagancia peligrosa que se adhiere a la piel como los hilos de una tela de araña pegajosa mientras piensas, aterrada, lo fácil que es entrar en esa dinámica. Pero (me) reconforta pensar que una mismo tiene el poder de cambiar lo ordinario por lo extraordinario. Aunque sorprende pensar en lo común que es caer en lo fácil. Un día uno cae en ese zulo de rutina insulsa sin darse cuenta y lo acaba convirtiendo en su estilo de vida. Y lo aterrador es que hay quienes se atreven a llamarlo buena vida y se olvidan de vivir, sentir o innovar.



lunes, 9 de julio de 2012

Mis pinitos

Resumen del curso de iniciación a la fotografía








martes, 12 de junio de 2012

¡Impulsividad, señores!

He aquí una chapa que escribí hace tiempo, probablemente en tiempos de estrés o mala ostia. Si mal no recuerdo, un amigo y yo nos estabamos retando a escribir sobre la impulsividad, y de ahí salió este texto, el menos impulsivo de todos los que he escrito. Ahí que cada uno decida leerlo o no, yo lo he colgado aquí impulsivamente.


La impulsividad es el triunfo del instinto por encima de todas las cosas.
El motor más puro de los animales y sin duda alguna, el más honesto.
Los impulsos (las peticiones más directas del cuerpo) tienen un origen a mi parecer puramente visceral. 
No obedecen a razones, no responden a consecuencias, por eso han sido despreciados durante mucho tiempo por el animal más racional de todos, el ser humano.

Suelen dar miedo, por que casi todos ellos son el manifiesto de una fuerza poderosa que reside en lo más hondo de nosotros de la cual considero imposible desprendernos, y quien opine lo contrario, que me diga cómo. Los impulsos de una persona revelan su verdadera naturaleza. Pueden estar reprimidos por la razón (nuestro premio evolutivo), pueden estar disfrazados, atenuados. Pero siguen estando agazapados en algún punto de nuestro ser y a diferencia de las ideas que uno maneja, las corrientes intelectuales que uno siga o la ética que uno decida adoptar, éstos son irremplazables. Son los que son. Y ni evolucionan, ni varían.

Obedecen a esa fuerza que nos recuerda que somos animales, que respondemos a los cambios del ambiente, que necesitamos mantenernos vivos, que no podemos no comer, no podemos no follar, no podemos no enfadarnos ni encariñarnos. Somos todavía un diseño orgánico y por eso compartimos los mismos instintos básicos que el resto de animales.

¿Que pasa cuando reprimimos los instintos más de la cuenta? No hacemos más que ver miles de sus consecuencias a diario y no son noticias alentadoras. El ejemplo más típico es el de cura pederasta. Pero en un día cualquiera hay muchas muestras de gente con impulsos reprimidos: gente apática, amargada, deprimida. Brotes de ira. Granos en la cara. Insatisfacción. “Idas de olla”. Cambios drásticos de vida. Etc.

Sin embargo, en la sociedad en la que vivimos, la represión de los impulsos es algo sumamente útil que se ha convertido en un estilo de vida. Porque, a ver ¿Cuántas veces has deseado pegar a alguien en el metro en hora punta? ¿Y escupir a esa persona insufrible? ¿Y robar en una tienda de alimentación? ¿Y pegarle cuatro  voces (y digo voces no vaya a ser que me denuncien el blog) al niño enrabietado del avión? ¿Y bañarte en bolas en una playa céntrica de una ciudad turística conservadora al mediodía? ¿Y mandar los exámenes o el trabajo a la mierda tras haber abofeteado al jefe o director? Madre mía si todos obedeciéramos a nuestros impulsos una sociedad como esta sería…¡inviable! Y no hablemos de las “mentes perturbadas” cuyos impulsos les llevarían a hacer verdaderos desaguisados…

Que clase de ejemplos he puesto… ¿no? Todos denotan agresividad…Pero pondría la mano en el fuego por que la mayoría de vosotros habéis tenido esos impulsos alguna vez. Si los impulsos vienen de lo que a uno le pide el cuerpo en ese momento y muchas veces esto está condicionado por el medio que nos rodea…¿no será que vivimos en un medio que no es el adecuado?  He dicho antes que los impulsos son lo que nos mueve a satisfacer nuestros instintos naturales. ¿Pero hasta que punto son naturales estos instintos? ¡Dios! ¡Son impulsos desnaturalizados! Que yo sepa, los miembros de una misma comunidad de por ejemplo, leones, conviven en relativa armonía sin desear asesinarse los unos a los otros ¿Hasta que punto están los impulsos influenciados por el estrés, de digamos, una gran ciudad?

jueves, 7 de junio de 2012

Perder los papeles

Es difícil que la visión de un taco de papeles que representan tus logros en la vida y otro taco de papeles a rellenar que puedan abrir puertas a nuevos logros no enturbie la mente. En los momentos cruciales en los que se quiere o necesita cambiar de vida pone de muy mala ostia el hecho de que la historia/vida/trayectoria de una esté plasmada en papelajos. Mas rabia da pensar que si falta uno de esos papelajos toda ilusión de proseguir o perseguir proyectos futuros se desmorone. Y que toda la información que requieren de ti esté reunida en un papelajo plastificado de pequeñas dimensiones.


Que nunca nos hagan creer que somos documentos de validez limitada, aunque cueste resistirse a esta espeluznante idea en un mundo que se rige por papeles. Papelajos.

viernes, 1 de junio de 2012

Remembering tropical life

Una se aburre y se pone a releer cosas que escribió a sus amigos cuando estaba en México y aparentemente, como una puta cabra...


14-10-11



Mi nivel de vagancia ha tocado límites insospechados. Aquí la vagancia se pega a la piel más que el calor. Mi habitación parece una cuadra, en el frigorífico solo hay latas medio llenas de cerveza y refresco de manzana, y medio tomate reseco y salsa de soja. Las toallas mojadas se amontonan por el cuarto. Tendríais que ver la libreta en la que apunto las “cosas de clase”. La ropa cubre parte de la habitación y se respira un olor entre humedad y pollo frito, pero ¿Sabéis que? Que no me importa nada!! Que soy feliz. Es salir a la calle y…bum…felicidad. Es comerme un taco y…bum…felicidad. Es beberme una cerveza y bum….felicidad. Subirme a un camión y jajajaja. Caerme por la calle y jajajajaja. Subir una cuesta a 30 grados y jajajajaja. Me cuentan chistes peores que esperaaaaayonuncahesidopera y jajajajaja. Lo que no entiendo es lo que estoy haciendo exactamente aquí. ¿De verdad soy representante de la Autónoma de Madrid? Jajajajajaja.

(suspiro) -sonrisa- (suspiro)

miércoles, 30 de mayo de 2012

Esto de ser como la niña que se emociona con un juguete nuevo que a las dos horas olvida en una esquina ya me está tocando las narices. ¿Estaré condenada al picoteo durante toda mi vida? Pico un poco de allí, un poco de aquí y de allá, que si ahora si pero luego no, que esto es genial pero ahora me aburre. Yo sé que seré algún día, de aquellos que saben poco de mucho.  Pero que se le va a hacer. Ya me di cuenta hace tiempo cuando caí en que vivir experiencias nuevas sería mi motor en la vida. Y no me culpéis por ello, por que me pasa en todos los ámbitos de mi vida: con cosas, lugares, deportes, emociones e incluso personas. Y con ésto último es con lo que más sufro. Pero esto es algo que no se puede cambiar.

sábado, 26 de mayo de 2012

¿Hará ese tal destino de las suyas?

A veces ocurren cosas que escapan al entendimiento de nuestras sobrevaloradas mentes. Y nos da por comernos el tarro intentando desentrañar misterios para los cuales no estamos preparados y para no frustrarnos demasiado llamamos a todas estas historias inexplicables "juegos del azar" y nos quedamos tan anchos.

El azar ha jugado conmigo a su antojo en muchas ocasiones y en numerosas situaciones cotidianas. A veces me arranca sonrisas, pero otras me inquieta hasta límites insospechados. Lo cierto es que estos caprichosos (y supuestos) juegos me arrastran hacia la cómoda y cada vez más común opinión de que todo sucede por una razón. Y que conste que siempre he querido rechazar esta idea. No me gusta pensar que hay un señor Destino que mete la mano cuando le da la gana y nos hace seguir un camino que desde siempre nos ha sido asignado, ni que no somos del todo dueños de nuestras propias vidas. Pero es que suceden cosas que cuesta atribuir al azar o a la coincidencia, ¡joder! Son demasiado retorcidas...

No es raro que de repente encuentre a conocidos de amigos (personas que jamás creí poder vincular) en los lugares más recónditos. En una ocasión en la que viajé a Egipto conocí a mis vecinos en el barco que cruzaba el Nilo: coincidimos al azar, nos hizo gracia ser españoles, de la misma ciudad, del mismo barrio y no os podeis imaginar mi cara cuando me dijeron el número de la casa, eran los misteriosos vecinos de al lado que tenían atada un águila herida a un tocón de árbol. Nunca antes nos vimos, nunca antes hablamos. Manda huevos que tuviese que ser en el Nilo.

¿O que me decís cuando algo nuevo os llama la atención y aparece continuamente, hasta en la sopa, los días siguientes a su descubrimiento? ¿O que necesites algo tan desesperadamente que de pronto aparezca? ¿O que pienses tanto en un proyecto que se materialice de pronto en forma de oportunidad?

Pero lo de esta mañana no tiene nombre. Hace tiempo escribí sobre un modelo a seguir completamente imaginario a quien puse un nombre más imaginario aún: Silvia Andrade (mi segunda o tercer entrada). Y cuál es mi sorpresa cuando esta mañana viene mi madre emocionada con un artículo del National Geographic de una biotecnóloga mexicana que hace un trabajo flipante con escarabajos exóticos y sus correspondientes fotos. Y me dice: "mira que interesante, mándale un mail, pidele consejo, es una tal Silvia Andrade". "¿Cómo?" pregunto yo con voz casi temblorosa y ojos desorbitados.

"Silvia Andrade", me contesta mi madre preocupada por mi reacción.




jueves, 24 de mayo de 2012

BERLIN

¿Que tiene esta ciudad que nos atrapa a todos los jóvenes (vividores)?
Pues todo. Lo tiene todo.

No es la primera vez que visito la ciudad. Ya aterricé en el aeropuerto de Tegel hace un año para visitar a una amiga que se había ido a currar allí.
Era junio y todo el mundo estaba en la calle, abarrotando los parques, las terrazas, los open airs, las piscinas, bares y discotecas sin que la situación fuera de agobio.
Aluciné con la ciudad. No es que fuera bonita. Única es la palabra exacta. Destila como una especie de cutrerío underground muy molón, una dejadez provocada, que se cuela por las calles de inmensa amplitud y lo impregna todo, incluso a sus edificios más señoriales. Es como un collage de todo tipo de cosas que no ves posible que pudieran encajar pero encajan, eso sí, lejos de la armonía. A mi me parece una casa Okupa hecha ciudad. Mires donde mires hay murales o pintadas, arte urbano improvisado. Es la ciudad del reciclaje, todo se aprovecha: coge los muebles de tu sótano y los de tu vecino (sillas desvencijadas, sofás roídos, mesillas destartaladas, lámparas victorianas, incluso muñecas de miembros desencajados) píntalos y haz con ellos lo que te de la gana. Como si te da por secuestrar una vaca, teñirla de verde y plantarla en medio del local por aquello del efecto sorpresa (no lo recomiendo, no es ético). Y ya si hablas con el colega dj de turno para que pinche unos temas de techno relajado y ofreces pizzas, currywurst y demás manjares berlineses a dos euros y cerveza baratita , lo tienes todo de tu parte.

Es una ciudad que te  invita a hacer lo que te de la gana con acojonante libertad y en un marco de diversidad total (eso sí, se nota que los lugareños están un poco hasta el forro de los guiris). Pero es que la ciudad está tomada por todo tipo de jóvenes de todo tipo de ideología arrastrando todo tipo de pintas (los amantes de los tatuajes se deleitarán) en armonía y buenrollismo. La calidad de vida es alta y los precios muy bajos y es una ciudad de gran conciencia ecológica con vegetación en cualquier esquina que incluso devora los edificios. Es un placer pulular por sus calles en bici, coño!

Yo entiendo que la gente se vuelva un poco loca en ese ambiente, con tanto plan y tan poco tiempo, yo me se de una a la que se le hubiera ido un poco la pinza...el cuerpo no da para tanta vaina. Tienes a tu alcance todo tipo de planes, culturales y no culturales, a parte de la fiesta. Pero es que hay fiesta a mansalva. Cualquier ambiente, cualquier tipo de música, asequible a todos los bolsillos. No es raro ir paseando y ala! una rave, o torcer una esquina y dar con un parque con everything going on al mismo tiempo y una horda de gente moviéndose al ritmo de la música de turno. Pero si te cansas de tanta traca, siempre te quedará uno de los parques urbanos rollo selva negra en el que poder tumbarte al sol, meditar o dar de comer a los conejos.

Pues eso, que enamorá me vuelvo. Voy a ver si me sumo a uno de los tropecientos mil jóvenes que están allí "estudiando alemán".





lunes, 14 de mayo de 2012

Extrañando

Imaginemos que hoy no es 14 de mayo, sino un día aleatorio de septiembre del 2012, pongamos que jueves 22. El día no tiene importancia, solo el lugar. Ya no estoy en la ciudad en la que nací, ni en la ciudad en la que estudié. Estoy muy lejos, al otro lado del charco, en una pequeña ciudad de la costa pacífica mexicana que antaño estaba perdida en la selva y a la cual solo se podía acceder por mar o por aire, o quizá caminando, si se tenían las fuerzas y el valor necesarios.

Un nuevo día comienza, un día muy caluroso y pegajoso , como los días anteriores y probablemente los siguientes. Las sábanas se pegan a la piel. El ventilador de pie no resulta suficiente para levantar una brisa fresca ni para espantar a las moscas, ni mucho menos para quitarme la pereza, ni siquiera el despertador es capaz. Aunque hay una atmósfera de paz, desde fuera llegan rumores de movimiento y vida, la gente ya lleva un rato en sus quehaceres, y eso que sólo son las siete y media de la mañana. El ruido de la gente y del escaso tráfico queda eclipsado por el alboroto de los pájaros de todo tipo que están ocultos en los numerosos árboles frutales o sobrevuelan el cielo. Pongo los pies en el suelo de loza y me incorporo pesadamente. Miro a mi alrededor. La casa no tiene muchos muebles y está escasamente decorada, pero en cierto modo resulta acogedora. Sólo se requieren unos segundos para echar un vistazo a la totalidad de la casa: una única habitación con lo  necesario para vivir. Hay que tirar la basura antes de que todo se llene de larvas de mosca, que proliferan igual que los hongos con la humedad.

Me acerco a la terraza y abro las ventanas de par en par: he aquí uno de los momentos más mágicos. A un lado, la selva. Y delante, el mar en todo su esplendor, que impregna el aire que en su base huele dulzón. A otro lado veo el hostal en el que estuve viviendo un mes entero, que ahora está en obras. Al mirar hacia abajo, veo un amasijo de callejones de piedra, cuestas imposibles, los caminos están tapados por árboles, palmeras y vegetación de todo tipo. Veo los tejados. Las casas en la ladera de la selva, irregulares, encantadoras, y las de abajo, las del centro, las que rodean a la plaza hidalgo, punto de reunión de casi todas las tardes y noches de fin de semana. Sé que el agua de mar está caliente, que a las siete de la tarde el cielo se cubrirá como por arte de magia y resonarán los truenos, que darán paso a las tormentas más increíbles de mi vida, las auténticas tormentas en las que caen trombas de agua durante horas y  todo quedará en silencio y me sentiré libre. Sé que en cada instante del día me sentiré libre. Con suerte, las nubes se disiparán para la puesta de sol, que lo llenará todo de luz anaranjada.

Me imagino el día en ese momento, me gusta fantasear. Podría fantasear todo lo del mundo, que después cualquier cosa podría pasar. Las opciones son infinitas. Todo es nuevo, la gente encantadora, la vida es barata, despreocupada, tranquila y a la vez excitante. Es una atmósfera de auténtica aventura. No faltarán tardes de playa o de río, música, rock en vivo en el Roxy, micheladas, naturaleza de todo tipo. No faltarán amigos, gente increiblemente interesante, gente que se desvive por tí. No faltarán conversaciones, ni risas, ni bailes, ni bromas. No faltarán animales, diurnos, nocturnos, marinos o terrestres. Me siento como en casa. Me siento en mi casa y tengo la certeza de que volveré.

Pero no estoy en México, si no en la ciudad en la que nací, ahogándome en nostalgia. Lo revivo todo una y otra vez en mis recuerdos, que son tan vivos que es como si los viviera de nuevo con los cinco sentidos. Pero la certeza de que volveré al paraíso es igual de fuerte.





domingo, 6 de mayo de 2012

miércoles, 2 de mayo de 2012

La vida es pura magia. Siempre quedará algo por vivir, por descubrir y por experimentar. Siempre quedará algo que nos llegue, nos mueva por dentro, nos motive, nos guste, nos haga sentir felices o al menos, contentos.    Pero el día a día esconde escenas, objetos, incluso personas que nos cortan de cuajo la energía vital. He aquí, para quien le pueda interesar, una lista de todo lo que mueve mis ganas de darme cabezazos contra la pared de puro deprimente que me resulta:

- Las tiendas de pesca
- Los andenes de metro un domingo cualquiera
- Los barrios-dormitorio
- Los aeropuertos de ciudades pequeñas
- El pez solitario de cualquier pecera sin decorar
- El sonido de los relojes-cuco de las casas de los abuelos
- Las cafeterías de estaciones de autobús
- Las mercerías de barrio
- Los zapatos que venden en las tiendas de farmacia
- Los empleados de las reprografías
- Las plantillas de los zapatos
- Los carteles de los bares de carretera
- Los anuncios de los videntes (especialmente los de televisión)
- Las acelgas sin rehogar
- La gente de los anuncios de seguros
- Las figuritas de cristal
- Las grandes ciudades un domingo al mediodía
- La ropa interior color carne
- La sacarina
- El pegamento de las dentaduras postizas que anuncian en televisión
- El color de las paredes de gran parte de edificios públicos
- El hormigón
- Los ponis
- Las camisas en tonos pasteles
- Las pelusas de polvo
- Los cuadros de los carritos de compra

De seguro me olvido de unas cuantas, pero ya estoy demasiado deprimida como para seguir...







jueves, 26 de abril de 2012

Paco

Hoy me he caído (violentamente) de mi nube. Ha sido concretamente en el X Festival de Cine y Derechos Humanos que se celebra en San Sebastián, con la proyección del film que narra el infierno en el que ha estado metido de lleno Paco Larrañaga durante estos últimos 14 años. La historia de Paco, para quienes no la conozcais, es espeluznante. Es una muestra más (de las tantas que hay, pero ésta es muy contundente) de que esta especie (la nuestra) se AHOGA en su propia mierda.

Paco (de nacionalidad española, padre vasco y madre filipina, habitante de las Islas Filipinas) es victima de un sistema judicial lamentable y DESCARADAMENTE corrupto,  declarado culpable por un crimen que es imposible que cometiera. La policía falsea pruebas, lleva a cabo montajes para inculpar a quien le da a gana (Paco -que ni siquiera está en la ciudad dónde se cometió el crimen el día del crimen, con más de 20 testigos que lo corroboran- y seis más igual de inocentes que él), los jueces se pasan las leyes y los derechos humanos por el forro, la familia de las supuestas víctimas del crímen (dos chicas violadas y asesinadas),relacionada -¿manejada?- por un narcotraficante, alienta y manipula a la prensa  para que difame y malinforme, y todo bajo la protección de un presidente al que más adelante quitarían del poder por corrupto. Vamos, que todo canta a mierda que " da gusto". El resultado: doble cadena perpetua para Paco, condena que más adelante se vuelve pena de muerte. La lucha de su familia y amigos (y por supuesto la suya propia) es tremenda, pero al final consiguen que sea trasladado a España, dónde es considerado inocente por todo Cristo pero sigue cumpliendo condena-hecho que aún se sigue intentando cambiar-.

El documental se llama Ríndete mañana o Give up tomorrow en inglés (2011, San Sebastian) se proyectará en los cines y lo recomiendo ENCARECID(ÍSIM)AMENTE, es de los que te hacen apretar puños y dientes. Como reza su cartel, ante la injusticia, nadie está a salvo. 






Pero encarecidamente, eh?

domingo, 1 de abril de 2012

Seamos niños


En la mente de un niño todo entra tal cual es. Pasamos los primeros años de nuestras vidas percibiendo “la realidad” con una claridad absoluta. Los estímulos externos que recoge nuestro cerebro conservan toda su pureza y por eso respondemos con una honestidad brutal. Llegan limpios. Sin el significado que el mundo adulto les otorga.

Me agobia el hecho de que a medida que avanzamos en la vida, todo se vuelve, por norma general, más complicado. Cuando eres niño, te toca entender el mundo que te rodea. Ves, sientes, tocas, miras, escuchas y aprendes. Cuando vas creciendo y te conviertes en adulto, te toca entender el mundo adulto, que es una versión procesada del mundo que experimentas cuando eres niño. Dejas de percibir las cosas como en lo que en su esencia son, porque quedan sepultadas por capas y capas de connotaciones, significados, tabúes y demás aspectos propios del mundo de los adultos que nos eran desconocidos cuando éramos niños. Y por eso para muchos adultos, la vida deja de ser un juego y se torna algo mucho más agotador. Aprendes poco a poco a guardar apariencias. Guardar las apariencias tiene un peso muy importante en el mundo de los adultos, y para que el mundo moral de los adultos funcione sin contratiempos, a todos nos dicen que es necesario aprender qué decir, cuándo decirlo, cuándo frenar las emociones, qué es mejor ver, sentir o tocar y qué es peor, cuándo te debes avergonzar y cuándo no. Es una tarea agotadora.

Envidio la simpleza y transparencia de la vida de los niños, una transparencia que a todos nos quitan tarde o temprano y a la cual es prácticamente imposible volver.



sábado, 24 de marzo de 2012

Plácida sequía

Inmersa en días fáciles y empalagosos como la miel, en los que da la sensación de que el tiempo transcurre lento y a trompicones, como si le costara fluir, me cuesta despegarme de las sábanas que me atan a la cama cada mañana. Ya es primavera. El sol y el calor se filtran por los entresijos de una persiana mal bajada a propósito. Afuera, se oyen los pájaros, el alboroto de los niños en algún partido matutino y el griterío de los padres animándoles.

Al subir la persiana me toparé con el jardín que tanto alimentó mi imaginación de pequeña, con su maraña de plantas y los árboles frutales que hoy muestran lánguidamente sus brotes al sol. Las enredaderas que trepan sin ton ni son por los muros ajados por el tiempo. Las ramas desnudas que recuerdan que el invierno nos dejó hace muy poco. Es una imagen romántica. Estancada. El mismo jardín que antaño surtía en mí un efecto de mágica fascinación hoy embota mis sentidos y me adormece.

Este jardín parece estar suspendido en el tiempo, en algún punto impreciso del espacio. Parece que en lo que en él acontece no mandan las mismas normas que en el resto del mundo. El presente sábado es como este jardín, ajeno al alboroto de fuera. Y me pregunto si no seré hoy como esa imagen estancada, ni si estaré yo suspendida entre pasado y futuro en algún punto impreciso, incierto, inmersa en una plácida sequía intelectual que tan sólo me permite aferrarme a la dosis mínima de inspiración que despierta en mí un jardín dormido.

martes, 20 de marzo de 2012

¿A quien creer?


En estos tiempos que corren, todo es tremendamente subjetivo. La prensa y la televisión siempre han pasado por rigurosos filtros que seleccionan que mostrar y que ocultar, y nosotros, al otro lado de la caja tonta, permanecemos ciegos a la realidad cuando sentimos que hemos sido informados. Una ya no sabe que es fiable y que no, ni sabe que canal elegir, porque todos ellos tiran para su río. Los periódicos, más de lo mismo.

Ahora, con Internet, todo el mundo es libre de publicar y difundir lo que le parezca. ¡¡Bien!! Los hechos supuestamente reales (ojo, y las tonterías más grandes) nos llegan del informador al informado sin tantas capas de pintura y menos disfrazadas, y muchos desean comunicar algo por el simple hecho de comunicar, sin ser por ello recompensados con dinero, lo cual me hace confiar más. Internet es la gran esperanza de la comunicación, un posible punto de encuentro para gente con las mismas ideologías que puede desencadenar un efecto bola de nieve, y unir de una forma antes desconocida y dar los medios para creer (e incluso poder) cambiar el mundo para mejor, pero también puede ser una potente herramienta de lavado de cerebros y por lo mismo, si surge algún movimiento destructivo, éste también tiene la oportunidad de correr como la pólvora e infectar a sus anchas.

Por eso, ¿Que creer? La forma más fiable de conocer, aprender e informarse es ir y mirar. IR a dónde sea que esté la fuente. Y mientras tanto, ¿Cómo estaremos mejor informados? ¿Viviendo en nuestra propia burbuja o fiándonos de los medios de comunicación (hablo especialmente de los pesos pesados del área de la comunicación, esos que alcanzan la mayoría de hogares)? De la primera forma unx no se empapa de “cómo parece que está el mundo”, pero su percepción de él no se verá influenciada ni contaminada con falsas impresiones. De la segunda forma, unx se encuentra más conectado con el medio social, pero se arriesga a que le coman la cabeza con falsedades. Qué difícil, ¿no?

http://www.youtube.com/watch?v=FM1nCsng0yc

miércoles, 14 de marzo de 2012

Bocata de calamares


Una vez más he vuelto a encontrarme con esa vieja amiga que en una ocasión me dejó un sabor amargo. La relación entre Madrid y yo siempre ha sido de amor-odio. Reconozco que fui algo injusta con ella: la taché de ruidosa, agobiante, monstruosa y brutal. Dejé en segundo plano sus cualidades buenas, esas que tanto mencioné al principio, cuando la estaba descubriendo. Y decidí huir de ella. Sin embargo una y otra vez vuelvo a caer en sus redes. Efectivamente, no tiene mar, pero me he reconciliado con ella por completo y aunque me descarga las pilas, admiro su energía, el enorme abanico de posibilidades que ofrece, su vida, su cultura, su luz, sus personajes, su variedad, incluso esa vida nocturna que tantas veces me hizo perder los estribos, y su locura. Sobre todo su locura.

Una vez llegó a agotarme por completo. Adaptarse a su ritmo no es fácil. Atrapa cuando quieres llevar una vida frenética. Yo siempre me jacté de adorar la vida caótica y el caos de Madrid llegó a desbordarme. Pero mi caso es exagerado, dependo mucho del medio, varío exageradamente con el ambiente. Probablemente tienda a la inestabilidad o al desequilibrio, que cojones sé, y el desequilibrio de Madrid se me pegaba de lo lindo.

Pero he vuelto, esta vez como turista. Al dejar una ciudad y al volver tiempo después, te percatas de detalles que antes no apreciabas. Esta vez ha sido la luz y su olor. Es un olor que solo tiene Madrid, y no es olor a ajo como alguna vez dijo una snob esmirriada.

Adoro perderme en el corazón de la ciudad, La Madrid que me pirra, dónde las calles son estrechas, las casas antiguas de balcones de hierro forjado y hay plazas en cada esquina. Explorar los recovecos de cada calle es un desafío, encuentras lo inimaginable. Sentarse en un banco y observar es todo un espectáculo. Hay días que pueden llegar a ser de ciencia ficción, y siempre pasa algo. San Bernardo, Malasaña, tribunal, Fuencarral. Callao y Gran Vía, las arterias de la ciudad. La infinidad de baretos cutres que adoro. El Palentino. Los bares de mañaneo. Tomar el sol en plaza de España. El rastro, las tiendas vintage, el moderneo. Todo tiene su gracia. Las terrazas llenas. Su encanto. Esos barrios que son como pueblos, con su red de peculiares callejuelas, La Latina, Sol. O un mundo en un barrio: Lavapiés. Cada vez que vuelvo descubro algo nuevo, me sorprendo explorando una nueva región.


Reencontrarme con buenos amigos. Redescubrir a viejos conocidos. Un día en Madrid puede contener un sinfín de sorpresas. La verdad es que sí… ¿Qué me pasa? Tanto lo negué…pero me gusta Madrid. No podría vivir en ella, pero siempre será un refugio a la hora de escapar de lo cotidiano.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La mer a bercé mon coeur pour la vie.



Cuando era un moquillo mi padre me metía en el agua hiciera el tiempo que hiciera. Cuando le pedía piscina me decía que eso eran gilipolleces. Guardo todo un conjunto de anécdotas bonitas y experiencias algo traumáticas que hoy recuerdo con cariño. Mi padre me llevaba a la playa hasta los días de tormenta, me metía en el agua incluso cuando el mar estaba picado, algunos días por accidente me arrastraban las olas con sus consecutivas vueltas de campana subacuáticas, también recuerdo bañarme con él en el agua del puerto y en plena plaga de medusas. No me quería matar, pero creo que siempre quiso que el mar me hiciera fuerte.

Y efectivamente, no le tengo miedo y al contrario, me encanta… pero creo que mi padre es en parte responsable de mi dependencia del mar. Supongo que también pasará por nacer en una ciudad costera. Te acostumbras a su presencia, y aunque no lo tengas en frente, lo sientes. Lo notas en el salitre, en el olor del aire, más fresco y más limpio. Y ese sonido. El sonido de las olas y de la marea. Tiene un efecto sedante. Un día de esos de mierda, de nervios y frustraciones (y me ha pasado en esta ciudad y en otras) pocas cosas hay más terapéuticas que una sesión de mar. Por eso las ciudades sin mar me sacan un poco de quicio. Sin duda les falta algo. El aire está como más muerto.

Además, el mar reúne unos atributos cojonudos: es libre, vital, misterioso, imprevisible, dinámico, temperamental, puede ser suave pero sabe meter caña. Tiene lo que hay que tener, no se deja dominar y mucho menos conquistar.


jueves, 1 de marzo de 2012

Hoy os quiero presentar a alguien. Se llama Silvia Andrade:

"De ella decían que aun siendo grande, era niña. Reía escandalosamente, preguntaba sin vergüenza y conocía de pocos tabúes. Le daba igual hablar a gritos, cantar pese a hacerlo fatal, nunca se sintió atraída por normas de ninguna clase y siempre luchó por no tener miedo al ridículo. Quienes la conocían desde hace tiempo dirían que siempre fue algo especial, si entendemos como especial a algo que se aleja de la media. A ella misma le gusta decir que todo el mundo es raro, como decía su padre, pero que a muchos les avergüenzan sus rarezas y tratan de disfrazarlas de “normalidad”.

A ella le gusta la gente valiente, las personas que muestran sus peculiaridades sin tapujos y se enorgullecen de ser distintas, personas a las que ella ha etiquetado como auténticas, pese a que no le gustan las etiquetas. Adora descubrir. Considera muy importante el respeto, aunque a veces muestra poco con la gente que la hace enojar. Pero por encima de las cosas, ella ama la libertad y lucha a toda costa por conseguirla, porque sabe que en estos tiempos que corren es difícil ser libre, y si uno piensa que lo es, suele estar equivocado. Uno no es libre si tiene un empleo con el que cumplir, un horario que respetar, unos ahorros que proteger, una familia que sacar adelante o que tema por ti cuando partes a vivir lejos. Son ejemplos, pero no viene al caso extenderse en estos asuntos. Lo que ella trata es de ser libre dentro de sus posibilidades menguadas por la sociedad en la que le ha tocado vivir. A veces hace oídos sordos a lo que no le gusta, a veces, como muchos otros, cae en las trampas de los organismos encargados de manejar a las masas. Muchos se ríen cuando le preguntan que qué es lo que quiere conseguir en la vida y ella responde: “romper todas las barreras posibles que me impiden ser libre y vivir toda clase de experiencias, o para que nos entendamos, vivir todo lo que pueda”. Y entonces alguien le dice: “Qué idealista eres, si lo consigues avisa”. Y ella se enfada aunque lo disimule bien y aparente que se lo toma con sentido del humor, por que le cuesta tolerar a gente pesimista que se autoproclama realista, pero contesta: “bueno, está bien, me dirás que ser libre es imposible, pero quiero ser lo más libre posible aunque supongo que en algún momento tendré que sacrificar parte de esa libertad para atender otros asuntos que pesen más en mi escala de prioridades". Y de ahí siempre sucede que ambos, ella y la otra persona se callan y beben de sus cañas reflexionando un poquito, o comienza una agitada discusión que puede extenderse horas.

Ella es luchadora, lucha por lo que quiere, aunque rara vez sabe lo que quiere, por que son muchas cosas distintas y no se sabe centrar bien. Es entusiasta con planes nuevos, aunque se aburre rápido. Sabe lo que es estar completamente perdida, pasa perdida mucho tiempo, a veces queriendo, a veces sin quererlo, que es cuando duele. Es muy pasional, que es la palabra que a ella le gusta usar en vez de temperamental, y soñadora. Sensible también, y eso le ha costado pasarlo mal en numerosas ocasiones, pero también le permite vivirlo todo intensamente, percatarse de detalles invisibles para otros y explorar los resquicios de su mente para poder mejorar."


Bueno, ya la conocéis. Así es esta loca de Silvia. Supongo que muchos tendréis un modelo a seguir, ¿no?. El mío no lo encontraba así que me lo inventé, pero existe, ya lo veis. Cada día espero parecerme un poquito más a ella.




lunes, 27 de febrero de 2012

Dejadme contaros algo...

...sobre mí. Os diré que soy caótica, un desastre. Doy consejos que no me aplico y nunca me ando con pies de plomo. Me gusta vivir con la cabeza en las nubes, fantaseando, soñando. Diría que explorar es mi propósito en la vida. Como ser humano que soy, me muevo por algunos motores compartidos, y entre ellos está el de comunicar. Más que un motor, es una necesidad.

¿Y por qué ahora? Digamos que he cerrado una etapa en mi vida, y por así decirlo, una nueva comienza. Pero no la considero una etapa cualquiera, en cierto modo, comienza mi verdadera vida. Hasta ahora he tomado algunas pocas decisiones, pero mentiría si no dijera que ha sido una vida algo trazada. Pero nada fuera de lo normal, porque desde que nacemos hasta alcanzar cierto grado de conciencia, son otros los que toman decisiones por nosotros mismos, son otros los que agarran las riendas del caballo que montamos hasta que decidimos que ya es suficiente y que es hora de manejarlas nosotros mismos.

El asunto está algo trillado, ¿ verdad? Padres, profesores, tutores y demás...supongo que ya sabéis de que va. Los unos nos protegen hasta que lo podemos hacer nosotros mismos (unos antes, otros después), los otros nos "moldean" o "adiestran", unos pocos nos hacen pensar o nos dan el empujoncito para crearnos nuestras propias impresiones, pero me gusta pensar que llega un momento en el que (por lo menos algunos de nosostros) sentimos la necesidad de sacudirnos todo lo que nos contamina o que no nos pertenece, porque pertenece a otro que nos lo ha metido en la cabeza, y necesitamos resetearnos, o reconstruirnos de nuevo. En esto es difícil ser drásticos, ya que hay cosas de las que no nos podemos deshacer del todo por que están muy arraigadas en nosotros (nos han invadido lenta y gradualmente, en un proceso llamado educación). ¿ Podemos ser completamente libres ? No lo sé, pero nos queda luchar para ser todo lo libres que podamos. Deshacernos de lo que no nos gusta de todo lo que nos han enseñado y quedarnos con lo que nos interese para desarrollar nuestra propia personalidad.

Bien, pues sin aburriros más diré que es ahora cuando siento que he tirado mucha basura que no me servía ni me dejaba ser todo lo libre que soy actualmente (no es todo lo libre que podría ser) y es ahora cuando yo, solo yo, estoy al mando de mis propias riendas y tengo por delante un camino virgen por explorar del cual os iré reportando (cuando pueda) las mejores experiencias.