Paisajes de colores oníricos y otras cosas que mueven cosas. En exposición hasta finales de Septiembre en el museo Guggenheim (Bilbao). Merece la pena y sobre todo ver las obras en su tamaño natural.
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miércoles, 19 de septiembre de 2012
David Hockney: a bigger picture.
Paisajes de colores oníricos y otras cosas que mueven cosas. En exposición hasta finales de Septiembre en el museo Guggenheim (Bilbao). Merece la pena y sobre todo ver las obras en su tamaño natural.
domingo, 2 de septiembre de 2012
Llamamiento para salir a vivir
La lluvia inspira. Estaba en la
cama tumbada, con el portátil en el regazo, preguntándome por qué coño no era
capaz de escribir, de querer expresar o compartir algo. No son los días más
fáciles de mi vida. Paradójicamente, si lo son.
No te has puesto a trabajar de
azafata, promotora o alguna mierda similar con la excusa de que tienes que
disfrutar de lo que te queda en tu hogar antes de empezar el máster y cruzar el
charco. Ni has pensado en un curro serio por que –satisfecha- piensas que
ninguna secta comercial te va a querer contratar para menos de un mes. Al
principio, la vida del “todo mascado” puede molar, pero a la larga –estoy
segura- te atrofia el cerebro hasta convertirlo en una convulsionante plasta
amorfa. La ciudad que conoces como la palma de tu mano, la casa familiar, las
rutinas de cada uno. Los días relajados pero monótonos pasan como la mantequilla, un poco de
playa, de sofá, de las mismas cafeterías, los mismos escenarios, buen comer, salir de marcha en los bares de
siempre con música mierdera y poco elaborada hecha para gustar, ninguna
dificultad, ningún desafío, pocos estímulos. Te pones a escribir estupideces por que la
inactividad mental te mata, a pensar sobre qué eres y que has dejado de ser, a
observar críticamente a la gente de alrededor mientras te atiborras a galletas
de chocolate viendo alguna mierda de telecinco apoltronada en el sofá y
aliviándote con pensamientos del tipo “esto acabará pronto” “es pasajero”, “solo
necesitabas un respiro”. Y quedas atrapada en un acolchado zulo de vagancia, vagancia
peligrosa que se adhiere a la piel como los hilos de una tela de araña pegajosa
mientras piensas, aterrada, lo fácil que es entrar en esa dinámica. Pero (me)
reconforta pensar que una mismo tiene el poder de cambiar lo ordinario por lo
extraordinario. Aunque sorprende pensar en lo común que es caer en lo fácil. Un
día uno cae en ese zulo de rutina insulsa sin darse cuenta y lo acaba
convirtiendo en su estilo de vida. Y lo aterrador es que hay quienes se atreven
a llamarlo buena vida y se olvidan de vivir, sentir o innovar.
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